Cómo estimular las defensas

El sistema inmune es una red biológica que nos protege frente agresiones bacterianas, virus, hongos y parásitos. Es un mecanismo complejo y cambiante.


Ante la llegada del frío, se extiende la costumbre de reforzar las defensas con la ayuda de la fitoterapia para evitar acatarrarnos, o si lo hacemos, que la gravedad y duración de la situación sea lo más leve posible.


Pero hay multitud de aspectos que influyen; no existe un remedio único que prolongado en el tiempo sea eficaz para activarlo; se ha demostrado que los preparados inmunoestimulantes tienen una alta efectividad el primer o segundo mes, pero después el metabolismo se acostumbra y vuelve a la situación inicial.


Cabría mencionar algunas pautas útiles para nuestras defensas:


Estilo de vida


El sedentarismo es un hábito perjudicial que aletarga las defensas. El ejercicio (moderado y de forma habitual) activa el sistema inmunitario y lo mantiene en niveles más altos que las personas que no practican ejercicio o aquellos que lo practican esporádicamente y de forma muy intensa.


La luz solar también refuerza las defensas: un paseo al aire libre o la actividad física en plena naturaleza nos puede ayudar a sentirnos mejor.


Alimentación


Las frutas y las verduras son ricas en antioxidantes y vitamina C que ayuda al correcto funcionamiento inmune.


Complementos naturales


Está demostrado que diferentes preparaciones de medicina natural, actúan como potentes inmunoestimulantes. Por ejemplo, la jalea real, la equinácea, el reishi, la uña de gato, etc son muy adecuados para evitar la caída del sistema inmune.


Por otra parte, hay otro tipo de tratamientos basados en las plantas adaptógenas que también son muy útiles en caso de que las defensas hayan caído por situaciones de estrés físico o psicológico: desequilibrios emocionales, estrés diario, falta de sueño, etc. Ejemplos de estas plantas son el ginseng, la rhodiola, o la maca.


Combinar los dos tipos de tratamientos es una buena estrategia para poner en forma las defensas.


No sólo con el frío


También cabría añadir, que no sólo debemos prestar atención a nuestras defensas ante los cambios de estación. Está demostrado que los cambios hormonales, la falta de sueño, el estrés o la depresión anímica son desencadenantes de enfermedades (más o menos graves).


La alimentación sana como hábito, el ejercicio al aire libre, el optimismo y la correcta canalización de los problemas nos ayudarán a que nuestro organismo funcione de forma armónica y sea capaz de adaptarse a todas las situaciones

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