LA IMPORTANCIA DE EXFOLIAR TU PIEL

¿Por qué exfoliar?


En nuestro organismo constantemente se crean nuevas células para sustituir aquellas que ya han cumplido su ciclo de vida. Se produce así una renovación que restaura todos los tejidos.


Centrándonos en la piel, esta regeneración suele cumplir un ciclo de un mes desde que nacen las células hasta que mueren desprendiéndose de forma natural en la capa más externa de la dermis. En pieles jóvenes, el ciclo suele ser más corto (entre 20-25 días) y se va prolongando según avanza la edad.


De modo que el cuerpo va perdiendo eficacia para eliminar las células muertas o enfermas y al no retirarse comienza un fenómeno distinto en la piel: las células muertas obstruyen la nutrición de las nuevas, crean una capa gruesa que evitan la regeneración y dificultan la penetración de los tratamientos. Así mismo, hacen más difícil el proceso de limpieza y más sencillo el acúmulo de suciedad en los poros.


La piel se ve seca, opaca y con tono desigual. Las líneas de expresión son más notables. Puede irritarse en algunas zonas o crearse más puntos negros o granitos por la obstrucción y posterior inflamación del poro.


Por ello, incluir la exfoliación es un paso determinante en toda rutina de belleza e higiene de la piel de rostro y cuerpo. Es muy importante que las células muertas se desprendan totalmente de la piel sana, para mantenerla fresca, vital, para que todos los nutrientes de los tratamientos lleguen de forma eficaz a las capas externas e internas de la dermis.


¿Qué tipo de exfoliante elegir?


Debemos elegir un buen exfoliante adaptado a las necesidades de nuestra piel.


Los exfoliantes para pieles secas o maduras suelen tener una base cremosa ligera e hidratante y unos gránulos más delicados y finos, no en demasiada cantidad. Esto supone una agresión mínima para nuestra piel, asegura una exfoliación suave y minimiza la irritación sin descuidar la hidratación. Conseguimos una piel suave y confortable.


Los exfoliantes para pieles mixtas-grasas, son más concentrados en gránulos, los cuales suelen ser de mayor tamaño y con una base cremosa más espesa y astringente.


Esto se debe a que este tipo de piel es más gruesa, y acumula más suciedad y por tanto, más células muertas y puntos negros. Por ello es menos sensible y podemos ejercer algo más de fricción. Con estas fórmulas conseguimos una piel limpia y purificada, y una limpieza de poros en profundidad.


Otra opción serían los exfoliantes con base jabonosa, que buscan hacer la rutina más sencilla, ya que limpian y exfolian a la vez y pueden usarse cómodamente en la ducha. Aunque no recomendamos este producto para personas de piel sensible ya que esta doble limpieza deja la piel muy expuesta y tirante (sobretodo si tenemos los poros abiertos del vapor de la ducha), por lo que es necesario hidratarla de inmediato.


También existen infinidad de recetas de «exfoliantes caseros» hechos con sal, azúcar, cereales o frutos secos molidos.


Para realizarlos es necesario comprender bien las necesidades de nuestra piel, ya que podemos correr el riesgo de crear un exfoliante con un un gránulo muy agresivo y arañar la piel hasta dañarla (por ejemplo, con algunas sales sucede que son muy cortantes) o crear una base abrasiva que no es compatible con los gránulos (como sucede con el zumo de limón, o algunos aceites esenciales).


Si tenemos poca información o desconocimiento, es mejor opción adquirir un exfoliante siendo asesorados por un profesional.


¿Cómo exfoliar? ¿Cada cuando tiempo?


Si nunca has exfoliado tu piel o hace meses que no lo haces y deseas comenzar con una rutina de belleza para notar resultados, te recomendamos comenzar con una exfoliación semanal durante el primer mes, que luego podrás espaciar de quince en quince días si tu piel es normal o seca, o que deberás mantener semanalmente si tu piel es mixta o grasa.


Humedece la piel la piel con agua tibia (nunca exfolies con la piel seca, ya que perdería efectividad y sería muy agresivo). El agua ablanda la piel y reduce la fricción, a la vez que abre los poros.


Aplica el exfoliante generosamente por el rostro y comienza a masajear con suaves movimiento circulares, sin apretar, de forma delicada. Recuerda que buscamos eliminar células muertas, no arañar la piel. Insiste en las zonas más problemáticas como nariz o barbilla. Vé con más mimo en las zonas secas como las mejillas.


El masaje no debe durar más de 2-3 minutos. Seguidamente aclararemos con agua tibia y secamos a toquecitos con una toalla limpia.


Nunca dejes la piel «desnuda» tras la exfoliación. Aplica de inmediato algún producto que devuelva el equilibrio a tu piel: un primer paso sería un tónico o un agua floral, para después aplicar un sérum y una crema hidratante. Si queremos ahorar pasos, podemos aplicar únicamente una crema hidratante, es el único elemento al que no podemos renunciar.


Los ingredientes de la crema, se absorverán más rápido de lo habitual y penetrarán más profundamente tras la exfolianción, por eso, en pieles secas o maduras es un buen momento para aplicar (en lugar de la crema) una buena mascarilla hidratante o un aceite nutritivo (como argán o rosa mosqueta).


Recuerda que no por exfoliar con mayor frecuencia o frotar más fuerte, vamos a conseguir mejores resultados. La piel tiene un ciclo de renovación que podemos estimular, pero sólo hasta cierto punto.

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