¿POR QUÉ ELEGIR LA COSMÉTICA NATURAL?

Mucho se habla de los ingredientes de origen natural en los cosméticos. El consumidor, cada vez más exigente, marca una predilección hacia los reclamos «natural» o «ingredientes naturales», confiando en poder aplicar en su piel los mínimos ingredientes sintéticos.


Pero como siempre pasa, aunque las grandes industrias cosméticas conocen este hecho, se limitan a ensalzar estos conceptos como «cebo» y luego no reflejarlo en sus ingredientes.


Por ejemplo, muchas marcas se etiquetan a sí mismas como «cosmética natural», pero como no hay un marco legal que delimite esta cuestión, basta con el hecho de crear una receta plagada de ingredientes químicos sin aporte cosmético alguno, y «una pizca» de (por ejemplo» aceite de argán. Y YA TENEMOS UNA CREMA DE ARGÁN.


Pongámosle tipografía árabe, un poco de aroma a vainilla y listo… pero si nos molestamos en leer los indescifrables ingredientes, veremos que estos activos naturales son, en la mayoría de ocasiones, uno de los últimos ingredientes de la lista, a pesar de figurar en grandes letras en el envase.


Esta es otra cuestión que conviene aclarar: los ingredientes en todos los productos (cosmética, alimentación, etc) siempre van en orden descendente de cantidad, es decir, si el primer ingrediente es paraffinum liquidum (parafina, un petroquímico) y el último es aloe barbadensis leaf juice (jugo de aloe vera), es seguro que es un producto que poco o nada beneficia a tu piel.


Lo ideal en la composición de un cosmético es que los primeros ingredientes sean naturales, y tal vez, en los últimos encontremos algún conservante (que los hay más y menos dañinos) para que la crema no se enrancie. Y poco más. La industria de la cosmética abusa de los productos baratos que engrosan las crema (texturizantes, siliconas) para finalmente añadir muy pocos componentes que realmente «alimenten tu piel».


¿Y qué significa que «alimenten tu piel»? Que aporten, principalmente hidratación (agua o aceites, según el tipo de piel), vitaminas varias, y activos que promuevan la renovación celular (la síntesis de colágeno y elastina). Que calmen en pieles sensibles, que equilibren e hidraten en piel grasa, que nutran en piel seca. que estimulen y reestructuren la piel madura.


Como decíamos, leer el listado de ingredientes es la clave: los ingredientes saludables de los que no lo son, no se pueden detectar a simple vista: ni con el aspecto del producto, ni con su olor, ni siquiera con la sensación de recién aplicado en la piel. Muchos cosméticos nos prometen una hidratación profunda, y al usarlos sentimos la piel muy suave y aterciopelada… pero debemos preguntarnos ¿este producto contiene siliconas?


Las siliconas dejan esa capa hiper suave en la piel y el pelo que todos conocemos… pero solo sirven como un maquillaje, una capa de suave que no deja respirar la piel, tapona los poros y obstruye el paso a cualquier otro ingrediente beneficioso que contenga el cosmético en cuestión. Igualmente pasa en el pelo: el 90% de las mascarillas llevan siliconas en su composición, que actúan aportando sedosidad y brillo al cabello… pero realmente nunca llegan a nutrir ni a cuidarlo.


Con el siguiente lavado esa «capa» ficticia se pierde, y la fibra capilar sigue estropeándose. Es más, si el champú también lleva siliconas (lo cual es bastante común), el cabello se ensucia antes; necesitamos más frecuencia de lavados, y cuantos más lavados, antes se ensucia. Es un ciclo muy rentable para la industria cosmética.


Los conservantes también debieran preocuparnos, hay un listado muy amplio, (unos más inocuos que otros) en el que destacan por su toxicidad los parabenos.


Los parabenos son sustancias conservantes antibacterianas y antifúngicas. Aunque están considerados como ingredientes tóxicos y cancerígenos, (datos avalados por multitud de estudios); los organismos reguladores siguen dejando añadirlos en los cosméticos en lo que ellos denominan «dosis seguras».


Pero en ningún caso tienen en cuenta la suma de las «dosis seguras» que aplicamos en nuestra piel a lo largo del día, y mucho menos la cantidad de parabenos que se acumulan en nuestro organismo a lo largo de los años. Por otra parte, abusar de estos conservantes, puede tener un efecto contraproducente porque no solo evitan que se desarrollen los microorganismos en el producto, sino que al aplicarlo en la piel, también baja la flora bacteriana endógena de la epidermis, que en muchos casos desencadena reacciones alérgicas y a largo plazo pieles reactivas o atópicas.


En próximas entradas abordaremos los ingredientes cosméticos con más detenimiento, pero a rasgos generales, la cosmética natural (cuando realmente ES NATURAL, libre de crueldad animal y ecológica), hace posible nutrir y tratar la piel y el cabello sin ingredientes que nos perjudiquen a corto o a largo plazo.


Que son respetuosos y en la mayoría de casos, al tener una proporción de principios activos más alta, son más eficaces que la cosmética convencional, incluso, que la «alta cosmética».

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