Un mitin de VOX – Revista Incógnita

Ayer estuve en un mitin de vox.

La Plaza de la Constitución de Fuenlabrada estaba abarrotada, ya no importaba el Covid, ya no le echábamos la culpa de los contagios al 8M, todo valía para que Santiago Abascal se diera un baño de masas, pudiera seguir siendo trending topic en Twitter y portada de todos los telediarios.

Así, entre casi 20 furgones de la Policía Nacional, más banderas de las que se podía contar y los “Viva España” se subían al estrado Rocío Monasterio y Santiago Abascal.

Tras el fervor inicial con los vítores y aplausos de los espectadores se dio paso a un discurso en el que se enumeraban los grandes problemas de la sociedad. Cuando hablaban le ponían voz a las grandes preocupaciones de las personas; no seguían un discurso de propuestas y soluciones sino que, al contrario, se dedicaban a ladrar problemas diciendo que la culpa de todo la tenían los políticos, que había demasiados, que las políticas económicas no servían para nada… eran problemas sobre los que tanto Santiago como Rocío únicamente se dedicaban a comentar: están ahí. Entre las personas que acontecían a este espectáculo de demagogia y patriotismo podías ver las caras de satisfacción de unas personas que se sentían representadas y veían como los que se subían al escenario señalaban con el dedo a los que ellos también culpaban de todo.

Se hablaba de bajar los impuestos, de no derrochar el dinero público en los políticos, en mantener una educación y una sanidad pública de calidad (no sé con qué fondos) y se tachaba de todos los males patrios a los inmigrantes. Era un discurso hecho para las gentes más humildes, las que apenas pueden llegar a fin de mes; era un discurso en el que se decía lo que la gente quería escuchar y en el que en capullo más grande del reino era “el coletas”. Y así, según avanzaba el discurso, más se envalentonaban los asistentes, sacando desde la masa voces amorfas de “Abascal presidente” o clamando contra los socialcomunistas.

En medio de todo aquel esperpento aparecieron un grupo de unos 7 u 8 niños que no tendrían más de 15 años que, pasando por ahí, se pusieron a gritar a favor del feminismo. Cuando todas las miradas se tornaron hacia ellos el discurso se paró. 10 segundos tardaron en aparecer 15 antidisturbios para desalojarlos, los mismos durante los que, entre toda la confusión, una mitad de las personas les insultaban y se abalanzaban sobre ellos por aparecer por allí y la otra le pedía a Abascal que no parase “sigue Santi, sigue” con lo que Santiago continuó con el coletas, coletas y más coletas.

La idea quedo clara, los problemas fueron señalados y la solución también: “os estamos contando lo mismo que vinieron a deciros hace 10 años, pero, como ellos no pudieron solucionarlos y además se han comprado un chalet, ahora estamos nosotros aquí para quitarlos de en medio… Viva España”.

Y cuando la emoción llegó a su cúspide la ceremonia terminó con el himno nacional.

Pero el objetivo del mitin no se limitaba solo a eso; se buscaba la confrontación, los disturbios y el victimismo de poder provocar para después esconderse detrás de los escudos de la policía. Una policía que había embotellado a un grupo de unos 100 chavales en un callejón cercano para que no se acercasen a la plaza, y cuando la concentración se disolvió, ese mismo grupo fue desalojado, quienes, protestando contra la policía por haber sido arrinconados y no haber podido expresar su desacuerdo con el hecho de tener a VOX en la plaza de su ciudad comenzaron a liarla por las calles aledañas.

Unas carreras, varias peleas y un par de detenciones después se había conseguido que, junto con los videos que las personas grababan de los mismos, el objetivo de Santiago Abascal en Fuenlabrada se cumpliese. “¿Veis como teníamos razón?”.

Jesús del [email protected]

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *